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A orillas del Sangoyaco: ¿Qué pasó en Mocoa el 31 de marzo de 2017?

Caqueta     

Lorena Gómez es egresada del pregrado en Antropología del año 2015. En el 2019, la Universidad de Georgetown le otorgó una beca completa para cursar estudios sobre responsabilidad social, innovación y agentes éticos del cambio. Lorena trabaja como curadora de viajes independiente, buscando llevar a cabo un turismo sostenible que respete e incluya a las poblaciones vulnerables en las regiones. Además, ha realizado trabajo de campo en la Guajira, el Cauca y el Amazonas; en esta última región, participó en la realización del reportaje radial “Orillas del Sangoyaco”, donde se relatan los momentos previos y posteriores a la avalancha de Mocoa en el 2017. Este reportaje la hizo merecedora, junto a Joaquín Uribe, del Premio a mejor reportaje de radio, dentro de los Premios al Periodismo Regional, organizados por la Revista Semana y la Fundación Argos.

Reviva la XII Edición del Premio de Periodismo Regional Semana – Grupo Argos

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A orillas del Sangoyaco reconstruye desde diferentes perspectivas lo ocurrido en mocoa el 31 de marzo de 2017, con la avenida torrencial que cobró cientos de vidas y desapareció barrios enteros.

En el primer capítulo, "Los Avalanchados", algunos sobrevivientes cuentan lo que ocurrió esa noche en los barrios más afectados.

En el segundo, "¿Desastre natural?" tratamos de cuestionar la idea de las causas de la tragedia fueron completamente "naturales e impredecibles" (como afirmaron algunos líderes políticos), y hablamos de los antecedentes, de las advertencias de riesgo que ya existían y de cómo, contra todas las recomendaciones, se construyeron muchas viviendas en zonas de riesgo.

El tercer capítulo, "Aparente normalidad", habla de cómo han vivido los mocoanos este último año, de su proceso de recuperación y de cómo ha respondido el Estado a sus promesas de reconstrucción.

Escuche los 3 capítulos de 'A Orillas del Río Sangoyaco'

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La Facultad de Ciencias Sociales entrevistó directamente a Lorena para indagar profundamente sobre la experiencia de una egresada de Antropología y su vinculación a proyectos audiovisuales como este, cuya pertinencia y calidad la hacen merecedora de un gran reconocimiento.

¿Habían trabajado previamente con la comunidad de Mocoa?

Todo comenzó con la avalancha. Yo estuve en Mocoa visitando a Joaquín en febrero de 2017 (justo dos meses antes de que sucediera) porque en ese momento éramos pareja. El lugar me encantó: estaba lleno de sonidos desde la madrugada hasta el anochecer, de personajes sencillos y de caminos tupidos de que te llevan a ríos cristalinos montando tu bicicleta.

Joaquín había estado trabajando con Simón, su hermano, Maria Elisa, su cuñada, y el resto del equipo en el rodaje de un documental sobre la situación de las carreteras en el Putumayo. Simón especialmente ya tenía una historia larga de mucho trabajo y buenos amigos que eran y/o son líderes locales comprometidos. Pero el momento de conexión intensa con Mocoa se activó la noche de la avenida torrencial, cuando él y su familia quedaron atrapados durante varias horas en la casa donde todos nos habíamos hospedado en días anteriores.

Jamás imaginé vivir algo así.  Sentí tanta impotencia que decidí hacer todo lo posible desde Bogotá apoyando a la Org. Indígena Amazónica de Colombia (OPIAC) con toda su logística de las donaciones. Yo también sentía una gran afinidad por los indígenas afectados porque los pueblos amazónicos me han acogido y dado consejos invaluables para mi vida.

Entonces la respuesta es que sí. Y no solo por el documental, sino por el trabajo de crowdfunding que hicimos las semanas siguientes a la avalancha en las que conseguimos 30 millones de pesos con los que financiamos 3 proyectos locales que respondieron a las necesidades del mediano y largo plazo, previendo que la noticia iba a pasar de moda. El primero fue para la protección de la Cuenca Alta del Río Mocoa, el segundo para la recuperación de todos los animales y mascotas afectados y el tercero fue este programa radial.

  • ¿Qué los inspiró a realizar “A orillas del Sangoyaco”? ¿Cuál era el propósito inicial del proyecto?  ¿Por qué decidieron realizar una crónica radial?

Pensamos en crear un registro histórico al que todos tuvieran acceso para que ni a los mocoanos ni a los colombianos se nos olvide lo que pasó. También nos dimos cuenta de que serviría como recurso educativo para la prevención de desastres que más que naturales, y esto lo aprendimos en el proceso, son humanos. Por eso la idea de hacer un programa radial, porque es lo que más escuchan los campesinos e indígenas de toda la región en sus casas, negocios o cuando salen a trabajar en los cultivos.  Además, en estas áreas aún hay personas que no saben o se les dificulta leer, así que por qué no hablarles al oído mejor?

Por todas estas razones,  plantear un viaje sonoro por las calles de Mocoa replicando cómo suena su vida cotidiana nos parecía una experiencia más íntima y emocionante, además de ser un reto para nosotros que jamás habíamos trabajado en radio (mi única experiencia eran las cuñas que hice por las emisoras dentro del edificio de RCN en busca de apoyo para nuestra iniciativa ¨Mocoa desde la Base¨).

El resultado fue mejor de lo que esperábamos. Además de convertirse en un rompecabezas de voces que nos conectan con  la resiliencia de un territorio y su gente, este viaje sonoro también es un llamado a hacernos la pregunta por el lugar en el que 'estamos parados': a entender a la naturaleza, a no subestimarla, a acomodarnos a ella y no esperar lo contrario, a prevenir riesgos para que no sigamos gestionando desastres. Al final, entre todos concluimos que no olvidar, aprender de lo que pasó y repensar la identidad de los mocoanos es el mejor homenaje que podemos hacer a quienes se fueron en este evento que fue mitad natural y mitad humano.

La idea es que el programa se siga transmitiendo en las emisoras locales todos 31 de marzo y 1ero de abril cuando Mocoa recuerda esa noche que replanteó su historia.

  • ¿Cómo se dio la participación de la comunidad en el proyecto?

Identificar a las personas con las que íbamos a trabajar y entrar en contacto con ellas era uno de nuestros mayores retos porque queríamos hacerlo respetando sus sentimientos y su dignidad. Por eso yo viajé a Mocoa primero. No se me olvida que durante las 12 horas de viaje hasta allá no paraba de preguntarme cómo me iba a acercar a la gente porque nunca había trabajado con víctimas de desastres naturales.

El primer paso, y uno de los más importantes fue contar con el apoyo de  Rocío Ortiz,  una amiga y aliada local (antropóloga también) que me puso en contexto sobre la situación hasta el momento y me puso en contacto con personas claves que luego nos llevaron a otras. También visité puntos de la ciudad como la plaza de mercado o los albergues (que todavía existían un año después) para ver con qué o quién me topaba, con quién hacía click. Así conocí a Amparoque tiene un puesto de frutas y verduras que desde entonces seguimos pasando a saludar. A ella y a todos a los que pudimos encontrar en los lugares donde nos conocimos les entregamos un CD con el programa.

El caso es que desde un principio para mí estaba claro que en un escenario de post desastre natural, no era posible ni me interesaba tener un plan predefinido, que tenía que dejarme guiar por mi oído y por la confianza de la gente. 

Al principio me dediqué a escucharlos a todos muy atentamente, a sintonizarme con su realidad. Cuando Joaquín llegó un mes después la mayoría de ellos ya estaba que se hablaba, así que ya teníamos una agenda de grabaciones más o menos clara. Luego, a medida que avanzaba el proceso fuimos incluyendo las voces institucionales o los sonidos que nos hacían falta. Recopilamos muchísimo material, lo más difícil fue seleccionarlo después.

  • ¿En tu experiencia como antropóloga cómo ha influido el uso de metodologías o herramientas audiovisuales? 

En la universidad tomé un seminario de Antropología y Cine Documental que fue una buena introducción al mundo audiovisual. En esa clase una amiga y yo hicimos un corto documental sobre las mujeres musulmanas en Bogotá. Siendo sincera, ese fue mi único acercamiento con estas herramientas durante la carrera, de resto siempre he sido una persona de textos. Y no nos digamos mentiras, así también nos formaba el sistema educativo en ese momento.

Después de graduada me reencontré con estas herramientas cuando trabajaba en una ONG en la que aprendí que la comunicación efectiva era tan importante como el desarrollo de los proyectos en sí.  Cuántos textos que hacemos con tanto esfuerzo no se quedan sin ser leídos? Por eso acepté el desafío de crear un programa de radio a ver si me desacartonaba un poco más y así fue. Y claro que en un principio no fue fácil porque las preguntas que formulas para una investigación social tienen una forma, mientras que las que están pensadas para un producto de comunicación son otras. La experiencia en Mocoa y trabajar con Joaquín (que venía de ese medio) me enseñaron que el ejercicio no se trata de hacer las preguntas más inteligentes sino las más humanas.

Descubrí que los podcast son una forma de activar la imaginación tanto de quienes los hacemos como de quienes nos escuchan. Normalmente les damos ‘play’ en nuestros espacios más personales y en los momentos del día en que solemos hacernos preguntas sobre nuestra vida, mientras cocinamos o vamos en un bus por ejemplo.  Ese es el tipo de efecto que me interesa generar desde todo lo que hago como profesional: que cada uno de nosotros reflexione y vea más allá del mundo que damos por sentado.

  • ¿Cómo fue el proceso de selección?

Al premio aplicamos a través de la plataforma online que tiene Revista Semana explicando el contenido del programa, la razón por la que lo hicimos y en qué medios circuló (fue publicado por la Fundación Paz y Reconciliación, Pacifista!,  El Espectador y por la franja latina de Radio Z en Nuremberg - Alemania).  Luego nos informaron que habíamos sido preseleccionados, así que viajamos a Medellín con todos los finalistas de todas las categorías. Todos  eran gente muy entregada de distintas partes del país (Cauca, Bolívar, Amazonas, Antioquia entre otros).

El jurado estuvo conformado por John Otis, corresponsal de Wall Street Journal y NPR en Colombia; Néstor Morales, director de Mañanas Blu; Martha Ortiz, directora de El Colombiano, Álvaro Sierra, director de France 24 en Colombia, Nora Sanín, ex directora de Andiarios, el periodista Héctor Rincón y Cristina Castro, directora de Semana.com. John Otis nos entregó el premio.

  • ¿Qué significa ganar el “Premio de Periodismo Regional” de la Revista Semana para tu carrera?

Lo que más me alegra de este premio “El País Contado desde las Regiones” es que es un reconocimiento a periodistas e investigadores que tenemos el coraje de caminarnos Colombia sopesando los riesgos de cada viaje, los pros y contras de contar la verdad y claro está, los sentimientos encontrados que esto genera. Mientras estuvimos en Mocoa había riesgo de una segunda avalancha. Joaquín se ponía muy nervioso las noches en que había lluvias fuertes que activaban las alarmas de los grupos de Whatsapp que la gente desarrolló como mecanismo de alerta.

Así que cuando escuché a Jesús Abad Colorado abrir la ceremonia con una descripción sencilla y contundente sobre la importancia de hablar de la realidad que vive la otra Colombia, esa que las grandes ciudades nos negamos a ver por actitudes racistas, clasistas y egoístas, por primera vez sentí un aplauso, un abrazo y un espaldarazo al trabajo de campo que muchos de nosotros hacemos en distintos rincones del país, incluso en contra de la voluntad de nuestras familias y más si eres mujer -o por lo menos ese es mi caso. 

Andar sudorosa con botas de caucho caminando por trochas recónditas no era exactamente como mi familia se imaginaba mi vida profesional cuando me gradué de la Universidad de los Andes. Abrir camino en ese sentido no ha sido fácil, pero lo que ha venido pasando, incluido este premio, nos ha ayudado a mejorar el diálogo entre su mundo y el mío.

Por eso haberlo ganado es un impulso significativo para mi vida profesional, porque me recordó que quienes estudiamos antropología tenemos una capacidad impresionante para hacer preguntas inesperadas pero poderosas que son útiles en infinidad de ámbitos, tanto como para mi vida personal, porque reafirmó mi convicción de que la unviersidad del monte es tan importante como la de las ciudades. Allá es donde uno mejor aprende a ser persona y eso es lo que más necesita el mundo.

El Premio al Periodismo Regional me motiva a contar más historias a través de distintos formatos que dignifiquen lo que han vivido otros colombianos y se pregunten por la raíz de los problemas que enfrentamos, así como a seguir insistiendo en que aprendamos más desde el cuerpo, desde la presencia y desde el corazón para conectarnos como los hermanos que somos todos. Si conocemos más y mejor nuestro país y nuestra gente podemos ayudar a respondernos la pregunta de qué significa ser colombianos. Y créanme, eso sí que genera paz.

Escucha la entrevista completa

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